Sin voz.
Sin vos?
Silencio por eso. Cuarenta y ocho horas de silencio en lo que va de la semana, y toman importancia las palabras. Las justas. Hablar por hablar en un cántico incesante de estupideces, como hacen muchos, como hago yo. Hablar sin parar sin escuchar ni escucharte ni escucharme. Valoro el silencio porque ahi de verdad se escucha. Como le temo un poco a eso, hay música, hay tele, hay pensamientos, mente, hay libros. Pero en el silencio ni eso alcanza para palear la escucha. La que escucho adentro. Porque el adentro grita aunque no haya voz, el adentro dice cosas que se dejan traslucir en el cuerpo, en la mirada, en los gestos, en el andar. Las voces de adentro no paran aún colmándolas de cosas, ellas buscan salir, hablar, me piden rogando que las escuche. Y debo hacerlo, aún a costa de oir lo que no quiero.
Y hablan de mi, de vos, de los ellos, del trabajo, de la angustia, del pasado, del interrogante futuro, del corazón, de compasión, de ternura. Y hablan de broncas, de cambios, de dolor, de expectativas, de gente que no está, de la que estará...de amigos, de padres, de hermanos y viento. De deseos, de sexo, de proyectos que ansio. Y hablan de muerte y a la vez de vida. Muchas voces, muchos yo adentro. Discutiendo, tomando cafe, alegres, inquietos. Muchas voces. Mucha escucha. En el silencio.
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