Solamente si tu meditación te ha traído una luz que brilla cada noche, la muerte no será una muerte para ti sino una puerta a lo divino. Con la luz en tu corazón, la muerte se transforma en una puerta y entras en el espíritu universal; te vuelves uno con el océano y, a menos que conozcas la experiencia oceánica, has vivido en vano. "Ahora" es siempre el momento, y la fruta siempre está madura. Tú sólo necesitas acumular valor para entrar en tu bosque interior. La fruta siempre está madura y el tiempo siempre es el tiempo adecuado. No existe la inoportunidad.
Cuando el fruto está maduro, cae del árbol por sí mismo. En un momento pende de las ramas del árbol, llena de jugo. Al siguiente momento cae, no porque se le haya forzado a caer, o porque haya hecho el esfuerzo de desprenderse, sino porque el árbol ha reconocido su madurez y simplemente la suelta. Cuando esta carta aparece en una lectura indica que estás listo para compartir tus riquezas interiores, tu "néctar". Todo lo que necesitas es relajarte precisamente donde estás y estar dispuesto a que suceda. Este compartir de ti mismo, esta expresión de tu creatividad puede venir de muchas formas: en tu trabajo, en tus relaciones, en tus experiencias cotidianas. No se requiere de ninguna preparación o esfuerzo de tu parte. Simplemente es el momento apropiado.
Cuando la muerte es una puerta a lo divino. Pero resisto. Y resistir duele. Me resisto a crecer. Al pedo porque crezco igual, solo hago que el proceso sea doloroso en vez de relajarme y dejar que pase. Tener confianza en la vida. En lo que deba ser. Dejar ser. Dejarme ser. Lo repito una vez más, como queriendo convencerme de que así debe ser. Dejar la niña, que muera la niña que fui y aparezca la mujer. La que me gustaria ser. Soltar, saludar y agradecer a esa pequeña, insegura, apegada, poco libre, empastillada, angurrienta, inquieta, sociable, dulce. Decirle adios sabiendo que podré charlar con ella cuando me venga en ganas, conversar, contarle cómo me va ahora, ahora que ya he madurado un poco, que ha pasado tiempo, que empiezo a ser consciente, a elegir. Ya no eligen por mi. Ahora soy yo. Elijo yo. Y la niña que fui puede sentirse orgullosa, aún cuando a veces la mujer erre su camino, se eche atras, tenga miedo. Es mujer. Será mujer cuando deba ser. Asi, sin esfuerzo, cuando sea tiempo de que la fruta madure y por su propia fuerza esté lista para caer. Para morir y luego nacer.
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