jueves, 3 de junio de 2010

Estación; el cuerpo que parla

Son palabras que escribe el cuerpo.
Son marcas y bien marcadas. Mudanzas, comida, incendio, abuso, taxi, picante, chef, poeta, límite, viajes. Cada cual, cada quien, acá en el cuerpo.

Y bien guardados, como un tesoro puto y viejo que no salía en llanto. Solo se dejaba ver la contractura de la vejez de los treinta, un andar cansado, la espalda no recta, los pies vencidos, la cabeza gacha, la autoestima afuera. Amores de cuento, sexo de pantalla.

Enojos guardados que de vez en cuando me tiraba encima, casi como culpable de no haber podido hacer, o deshacer, cambiar, huir, pegar, gritar, llorar, putear. No haber podido, no haber querido. Suprimirlo y congelarlo casi hasta el frio. Bañarme cien veces para borrarlo, creyendo limpiar algo que el agua no limpia. Que no saca, que ahi queda. En depósito de un metro cincuenta y algo, de un angel a la derecha que intervino mi descuido. Descuido sin límite, sin razón, desmedido. Hasta dónde fui capaz de llegar para él. Para ellos. Para ustedes. Hasta dónde no soy capaz de llegar ahora para mí. Llegar con cuidado, no con prisa. Llegar con descanso, feliz del encuentro natural y tierno que busco en estos dias. Llegar a verme viéndote. Llegar a verte viéndome.

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