Una estación cercana.
Viaje corto, sol, mates, amigas, agua de rio, arena, caminatas, calma.
Quizas, como en todos mis viajes, iba lista para vivir alguna aventura. Con algún "ello" pensé. Más nada pasó. La lentitud fue mi compañera en un fin de semana que se tornó de descanso y de una mente más que ociosa. Lo cual me puso feliz, ya que no desgasté energias en pensamientos ilusorios.
Esto de empezar a dilusidar algo de lo que quiero se siente bien. Es una sensación de "descanso" pero no por estar cansada, sino por ésto de no utilizar mi tiempo nada más que para disfrutar de lo que me está pasando con una consciencia en el AQUI y en nada más. Lo cual me cuesta un poco pero cada vez que logro conectar con lo que me está pasando en el mismo instante en que está ocurriendo logro captar sutilezas que antes no tenia en cuenta. Estos dos dias lo noté asi. Aroma a eucaliptus, un sol tibio que a la vez que lo sentia en mi piel me energizaba hasta la médula, un aire frio y limpio, un cielo despejado y un montón de estrellas. Algunas casas del 1900 y algo, dulces, olorcito a asado. Chicos jugando en el rio de ojos inocentes y muy grandes, con flequillos como usaba yo cuando era chiquita, con baldes y arena, cumbia en el galpón y veleros casi destruidos al lado del reflejo del rio.
Conversaciones con amigas, profundas, livianas, cotidianas y el relax de un vino tinto. Sin marihuana pero con ganas de reirnos
Un fin de semana donde nada pasó pero a la vez pasó mucho. Un fin de semana LENTO. Y aunque sin naturalidad, estoy empezando a transitar y aceptar esa lentitud que hoy me toca.
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