Más allá de algunas voces, que se escuchan por doquier, sigo siendo yo.
O empiezo a serlo, de a poco y con ansias bien adentro.
Más allá de estar entre los polos, puedo vislumbrar que se juntan, que se complementan, que un poco se gustan.
Más allá de los discursos, puedo leer entre líneas. Puedo atesorarlos un poco, puedo no casarme con nadie, dejar camisetas extremas, no alinearme en fanatismos, percibir cierta consciencia grupal, saber que no lucho sola, que la compañía alienta, que vamos de la mano, que no soy la única idealista, que la libertad es suprema, que la logro al mismo tiempo que me responsabilizo, que si me voy por la borda pierdo libertad. Que la tensión y el enojo forman parte, que romper lo que se debe es adecuado, que denunciar lo "sucio" es hablar de la propia suciedad, que evitar los abusos afuera habla de los mios.
Más allá de las politicas, desconfío de ellas. Más allá de los halagos, los tomo con pinzas, más allá de las divisiones, de los nombres y las razas, sé que somos uno, lucho por eso, creo fervientemente en eso. Ansio que seamos uno. No comulgo con todos, casi con ninguno. Me veo en otros espejos, tan románticos algunos, que me emocionan por dentro, me abrazan de ilusión, me desespero con ellos. Romper con ciertos moldes también es parte, gritar que no me gusta quizas sea acertado, si algo me hace ruido puedo desconfiar, no comerme las dulces palabras me hace caminar, me hace crecer, me hace madurar.
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