Viernes, sábado, domingo, lunes 27 de septiembre.
Y van cuatro. Cuatro dias sin nada. O mejor dicho, sin parte de mi adicción. Todavía no ando limpia en la vida sin emociones extremas. Y cómo las extraño. Y que poco me acostumbro al color gris.
De un diez ni llego a un cinco. El sol, un poco de brisa, algunas conversaciones que resbalan, un yo mucho más mediocre, sin pasadisos oscurísimos, rojos intensos, manchados de sustancias que alzan el climax de la monotonía.
Y caen los ánimos sin aviso. Y cuesta encontrar algo de sentido hoy. Aquí y ahora siento que los medios son sin disfrute, sin grandes desafios, ni grandes problemas. Bueno, quizas mi error es desviar mi verdadero desafío. Que es lidiar conmigo misma, que es tratar de empujarme hacia la cura, que es llevarme a cuestas y sobre mis propios pies aunque sea cerca de la sanidad. Ese es el desafio, pero lo sigo buscando afuera. Quizas ese sea, si lo logro, mi mayor logro. Pero sigo buscando afuera. Y afuera nada pasa, no hay sobresaltos ni cimas montañosas que alcanzar. La cima es solo la mia, la de mi salud, la de mi limpieza, mi integridad.
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