domingo, 12 de septiembre de 2010

Estación: un domingo

Comida. Y un viejo hábito. Y cuando pienso porqué no veo claramente. O sí, me hes fácil repetir. La ansiedad acompaña hasta los tiempos de calma. No veo preocupación delante pero sí el ansia. De qué. De alcanzar qué completud que no encuentro. De ser quién, de lograr qué cosa. De encontrar lo que no encuentro. Y vacios continúan los pedazos, los espacios que ansío, mi brutal naturaleza animal, mi voracidad, mis deseos expuestos como en vitrinas que no alcanzo jamás. Y entonces, es ahi, donde el hábito aparece, dispuesto a dejarme ceder, dispuesta mi voluntad a no hacer nada, casi nula entre fiambres y dulces que no llenan nada de nada. Solo originan molestias para lo que queda del dia, para el gran sol, la compañía, los paseos y mi andar. Llena de mierda camino, intoxicada a más no poder, sin poder parar.

Y luego de eso viene lo demás. Se abre el dia, viene el sol, despeja el cielo. Los pedazos de mierda reemplazados por la dulce compañía de un amigo, del viento de primavera, de caminatas, de teatro y comida compartida. Esa sí que me gusta, esa sí que disfruto, esa sí que calma. Y luego vienes tú. Abrazos y más abrazos, sexo sentido, sonrisas, cuerpos que se asemejan en un eterno contacto que no queremos dejar, por lo menos hoy que dure, pienso yo. Que dure el cariño, que dure tu mirar, caminar juntos, entrelazar los dedos, pensar en nada, besar las caras, arrullar el sueño, acompañar la eternidad de hermosos dias. Quiero que dure y a la vez sé que tendrá fin. No sé cuándo pero al pensarlo me dejo disfrutar. Solo eso quiero, para dejarme tranquila y no pensar. Para tenerte y que me tengas un día más.

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