viernes, 27 de agosto de 2010

Estación: otro lugar

No me acomodo. Vacilo. No hay seguridad en este otro lugar. Casi nada conocido. Casi nada certero. Me tambaleo. No estoy segura de querer ocuparlo y a la vez sí. Miro al frente y sigo. Pero de vez en cuando el ayerY no hablo de geografias. Ni de paises, ni de veredas.
Hablo de ocupar otro lugar. Hablo de una necesidad de estirar, de expandir, de ocupar más espacio. Corporal también. Más redondeces. De esas que me aterrorizan, de esas que el espejo aún no soporta, que son algo incómodas, que son más redondas, más grandes. Que la niña está dejando para dar paso a otras formas. Nuevas. Bien nuevas.

Se van yendo las individualidades, las camas de una plaza, algunos viajes solitarios, lugares de amantes, nidos protectores, padres ejemplares, amigos perfectos, fidelidades eternas, lugares seguros, pilotos automáticos, autoengaños, manipulaciones internas, caretas ajustadas, armaduras viejas oxidadas. Se van abriendo otros ojos, la boca habla, el enojo sale, también las lágrimas, salen las canas, arrugas varias, dolores antiguos, viejos amores, sensaciones guardadas. Cada vez más rápido, como efecto dominó y casi no puedo controlarlas. Salen y salen, y abren mundos, mares hondos, profundos, que atemorizan y a la vez llenan de vida.

me llama. Y me doy vuelta. Y creo que regreso. Pero no es lo mismo.

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