Mi casa. Naranja y amarillo. Muñecas colgadas, cama de una plaza, cajones pintados, sillón comprado casi en una barata por cien pesos nomas.
Mi casa. Casa de soledades, casa de amigos, de separados, de lamentos, de fasitos y de vino, de risas que se comparten, de Martas algo crecidas, de amores, de "ellos" que ya se han ido, de "ellos" que ni importaron, de ilusiones que se desvanecieron.
Mi casa. Hogar de música en la noche, de un cielo parcial que observo desde mi silla, de una flor sin un pétalo, de un pájaro de un ex que pintó para vaya a saber quién.
Mi casa. Adornos de España, de Cuba, de Marruecos, de Capilla, todos entremezclados en una ensalada de recuerdos y de viejos viajes que aún hoy al observarlos me llevan por aquellos lados.
Mi casa. Que me quiero ir, que me quiero quedar, que la quiero compartir, que la quiero sola.
Mi casa. Casa de hermanas, de amigos, de padres, de mí.
Mi casa. Que me resguarda de la locura, que me aisla de los ruidos, de los gritos, de la gente, que me guarda a veces mucha comida.
Mi casa, que la quiero, que no, que si, que me mudo, que me quedo, que aún estoy.
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