Después de muchos años de deambular, lenta y cansina la morsa, empezó a sentir la necesidad de asentarse en un lugar. Echar raices, demasiadas, pues su cuerpo pesado y tieso no hacia otra cosa que “andar echado”.
Caminando por la costa argentina, se decidió por Miramar, una ciudad no muy grande, con miles de bicicletas en verano, olor a pescado y niños. Ocupó una casa algo gris, sucia, con algunos muebles antiguos que raspados, dejaban ver el paso del tiempo. Aquel tiempo que todo desmorona y que no resulta placentero en semejante dejadez. Aunque para ella no era problema alguno, ya que su misma dejadez hacia juego con su nueva casa.
Su vida se reducía a levantarse, llegar hasta el porch, asomar la cabeza y volver a entrar. Ya solo eso era todo un movimiento para el gran animal. La otra parte del tiempo se la pasaba comiendo. Casi no hablaba, solo cantaba algunas veces pero el ruido la ponia de muy mal humor. Echada después de comer y comer, solo movía su aleta para alejar los restos de dulces o salados que quedaban desperdigados por el piso, cuando quedaban restos…
Y asi sus dias, sus semanas, sus años, su vida. Sin el más mínimo estímulo de vitalidad, sin las ganas que da el movimiento, sin el compartir, en la soledad plena de un ser que se empecina en estar solo.
Uno de esos días, en lo que nada pasa, sintió algunos ruidos en la habitación contigua. No atinaba a moverse ni un centímetro pero el malhumor que esos ruidos le generaban hizo que se arrastrara muy pesadamente hasta allá, no sin antes tragarse unos cuantos panes y algo más que andaba por ahí. Se asomó al cuarto, era la primera vez que lo veia en realidad, ni siquiera se habia tomado el trabajo de recorrer su propio hogar. En uno de los rincones vió un hueco, algo pequeño y algo negro y naranja que se movía, de acá para allá…sin parar…y entre saltos alborotados transportaba ramas, hojas y algo más que ella no divisaba. Algo despertó su curiosidad, una leve electricidad le corrió por el cuerpo y la impulsó a moverse, algo más rápido que de costumbre.
Cuando llegó al rincón vió una hormiga. Algo diferente a las que antes había visto. Tenía ojos grandes, saltones y pestañas bien oscuras. Círculos naranjas en el cuerpo se pintaban en el negro del fondo y no paraba de moverse. La morsa trató de aplastarla pero la hormiga saltó. Trató de escupirla pero la hormiga esquivó la flema. Trató de soplarla pero después de deslizarse disfrutando del trayecto la hormiga cayó parada y firme. “La puta” pensó la morsa…”esta pelotuda no se muere, no se va ni se lastima, no me queda otra que hablar…” Y la morsa habló. Le sonó extraño escuchar su propia voz, tan callada durante años la sintió rara, ni ella conocía su propio sonido que casi en un susurro se escuchó. Presentandose, invitó rápido a la hormiga a emprender la retirada, no tenía la más mínima intención de compartir su casa y mucho menos con un pequeño ser inquieto y ruidoso.
Después de dejarla hablar, la hormiga le contó que alli se instalaría. Cansada también de moverse tanto, habia decidido anclar al menos por un tiempo cerca del mar. Eso le permitiría disfrutar del sol cuando quisiera, zambullirse en el agua fria y trabajar todos los dias un poco para construirse su casa. Ella no tenía ningún problema en compartir su hogar con la morsa, es más, le gustaba la idea. Pero la morsa no cedía. Intentó pisarla una vez más, con sus dos aletas intentó triturarla, pero la hormiga se escabulló por debajo, quizo pincharla con unas tijeras pero la hormiga corrió agil y rápida al otro rincón, sopló, escupió y hasta gritó pero nada pasaba. Quería sacársela de encima. Matarla. Pero la hormiga parecía tener varias vidas, o al menos una fuerte y firme.
Después de varias discusiones, decidieron buscar un papel y redactar un contrato de convivencia. Ya nada se podia hacer y la morsa, resignada entendió que la mejor manera era esa. Redactaron lo siguiente:
1-Cada cual tendría su propio espacio en la casa y por lo menos una vez al dia se juntarían a tomar te o hablar en un lugar común.
2-La morsa debería comer despacio, masticar tranquila y no dejar restos de comida ni suciedad.
3-La hormiga debería administrar mejor su energía, tratando de no hablar a los gritos ni hace ruido después de la una de la mañana.
4-Una vez al dia la hormiga sacaría a tomar aire y caminar a la vaga morsa, para hacer que ésta mueva el cuerpo.
5-Una vez al dia la morsa, haría descansar a la hormiga, alejándola de sus inquietud constante.
6-Las dos hablarían claramente cuando hubiese un problema tratando de llegar a un acuerdo sin golpes, ni pisadas, ni escupidas, sin daños.
7-Tratarían de vivir en amable convivencia, el tiempo que compartieran ese tramo de la vida. Al menos ese breve tiempo, ese instante, ese chispazo de vida.
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