Tengo la garganta trabada, contracturada, dura.
Con la bronca que acumula el no decir. Con la bronca que acumulan las promesas, de mierda...esas que no se sostienen, que se hablan por decir. Que el impulso o el descuido, o los dos salen por la puta boca.
Esa boca que es dulce pero amarga. Que anda rara, con ruidos adentro. Dentro de mis propios ruidos, de mi propio descuido y de mi propia insanidad. Me pregunto para qué y creo que tal vez eso ya lo sé. Correr el velo aún un poco más, cuando ya casi estoy dando un paso al sol, la oscuridad vuelve para intentar cubrirlo todo. Lo oscuro que creo que no se va. Pero que es idiota pensar que se va solo, sinó que lo tengo que dejar ir, dejarlo correr, para preservarme un poco más. Sanar lo que queda, dejar los pasos caidos, abrir las alas, dejarme libre, tomar recreos, elegir bien, no subir al primer tren, que el deseo no me ciegue, que la solidaridad no me lleve a malgastar las sogas, que no todos se las merecen, que no todos las aprovechan, que no lo puedo todo, si aún siquiera puedo conmigo.
Cuando estoy por dar el salto, vuelve el fantasma de mi adicción. Despacio como en sombras, como en él, como en espejo que refleja lo que queda, hablando todo, blanqueando la cocaína que lleva dentro y que llevo en comida yo también. Cuando el sol está por asomar viene la penumbra. Y tal vez sea bueno, como a prueba para ver si paso, para ver si aprendo, para ver si despego de su lado. Para ver si salto, de una vez al sol...
Déjalo correr...que el tiempo diga, que el sol escuche, que las alas se desplieguen, que la vida me conserve lo que yo no puedo. Agradezco eso, gracias a la vida, que me ha dado tanto pero tanto salvataje. Que hoy me abriga.
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