Decir amigo es decir espejo.
Espejo donde me miro, desconfiando de mi enfadada opinión sobre mi misma.
Espejo donde me descubro, donde se me muestra, donde puedo acobijarme sin miedo a ser juzgada ni desplazada.
Decir amigo es decir lugares, mudanzas, ya viejas. Es niñez en Magdalena, adolescencia por San Luis, ya grande y sin paciencia. Es decir crecida, sabida, errada y expandida. Es decir coordillera y amores comprometidos y es decir queja.
Decir amigo es decir playa, mates, verdes, flores y guitarra. Es decir Norte, Capilla, mochila desilachada, manta abrigada. Es decir reflejo, palabras y viento. Es decir despejo y despojo. Es decir alma, desnuda, valiente, acobardada, aniñada, madura, equivocada. Es reto a mi no limite, es enojo a mi descuido, es cuidado a mi no cuidado, es caricia, es abrazos.
Decir amigos y están lejos, y los quiero acá y no los tengo. Pero los llevo guardaditos, pegados y sin destierro. Y los pienso, y les rezo y les pido aún consejo. Es Andre, es FLor, es Kari, es Marce, Ale, Leo, Nacho, Mari, Fede, Ivan, es cada uno con su nombre y sin nombrar. Es un eterno siempre, conexión, es acá, allá...no importa si lejos porque los tengo.
Decir amigo es decir hermano. Y bien del alma.
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