Sueño con ausencias, con calamares rojos y espumas de vivencias.
Sueño mares profundos, sueños sexos que me adormecen y otros que me encienden por sobre el mundo.
Sueños hombres y abrazos, sueño a todos ellos, reprimidos y olvidados, enterrados bajo escombros que se mueven, porque no están todavia muertos.
Con almendras, que de a poco resbalan en mi boca, sedienta siempre de más alimento, con una sed eterna, que no cesa ni en los confines de la noche, que me acompañan en recuerdos, en habitos no tan disolubles, en canciones de antaño, en viejos cuadernos, en manuscritos carcomidos por el abandono y el miedo.
Sueño con colores, tan intensos como lo que siento adentro, con soles nuevos, con tierras lejanas que aún ni conozco, con amores inmensos, con romances mágicos, con que seamos uno, con el condimento de lo cotidiano, con que no se torne medio, que la mediocridad no nos alcance nunca, ni en el intento, ni en la lucha por no ser igual, ni en la rutina ni en el sexo.
Sueño a veces con pájaros, sueño que levanto vuelo, que unas cuantas estrellas rozan mi sombra, la que no me deja...la que se adentra en lo más recóndito de mis huellas, la que va conmigo a veces a tientas.
Sueño con ser luz, de la buena, con levantar faroles para la guerra, sueño que llegamos, que no es tan lejos esa tierra, sueño con la igualdad, sueño revueltas, de las que rompen el destierro, de las que calman para dejar de ser queja.
Sueño familia y me sueño dueña, deseo romper cadenas, trascender el cuerpo, vivir liviana y más despierta. Hablar con vos, con él y ella, conocer gentes, buscar nuevas tierras, abrir la mente, sentirme bella.
Sueño que sueño, lo paro y vuelve...en cada instante, en cada cierre, en cada vientre, en los que miro, en lo que siento, en lo que llega.
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