Un poco mezclado en un dia raro.
Lo volví a encontrar luego de meses de ausencia, de silencio sanador, de desaparecer del mapa y guardarme en mil excusas que vinieron bien para apaciguar los continuos desplantes que él me impuso, en un sin fin de puertas cerradas, en un vacio de conversaciones y aclaraciones que me parecian válidas.
Pensé que hacia pie. Creí que estaba bien. Me pensé más fuerte pero no fue asi. El cuello apretó y tambaleó mi autonomía, mi desición de alejarme, mi deseo de abrazos, los labios que ansié cuando lo miré en aquel rincón. La charla me conectó y el humo mágico de sus palabras me envolvieron otra vez. Como aquella vez pero más consciente, un poco más alerta, ya más temerosa, de mí, de él, de la sombra que estremece. La que no se va, ni aún queriéndola aniquilar. La quiero matar pero aparece, en tantos como él, en cada bocado, en estereotipos enjaulados y tan semejantes como mi propia voz.
La sombra eterna que sigue en mí. La que quiero se haga compañera y me hable de lo que fui, la que quiero me juegue de aliada cuando mis partes oscuras quieran salir. Cada sensación, cada caída está de más. O no. O tal vez como dice ella, me hagan más fuerte, o tal vez pueda irme si asi lo decido. Virar, no mirar atras, bajar escaleras huyendo como princesa acorralada, por su propio yo, que la persigue y no la deja ir, porque la sombra va conmigo, donde quiera que yo vaya.
Y a la vez vendí, comenzó una nueva etapa de buscar un poco más. Me averguenza un poco sí, porque la guita no alcanza y la energia es pobre para crear. Entonces hago lo que puedo sin estresarme ya. Quién diría que en otros tiempos periodista fui. Quién diría que hoy lejana, no me siento allí.
Quién diria cómo cambia la vida en un instante, ese segundo y ese pequeño destello que te hace vibrar, o te hace caer, según cada quien.
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