"Cuando el ir se detiene, los viajes desaparecen;"
Agregaría yo: y comienza el verdadero, el viajar adentro.
Ya no hay tanto equipaje, ni el ansia de viajar tan lejos, o tan seguido a la vez, ni correr detrás de qué, ni de quién nunca ha existido, ni de todo lo que he querido, ni de la lucha y el templo, ésto es bucearte bien adentro, bien adentro de lo que es.
Ya no hay tanta mochila, aunque me gusta el moverme, un poco más leve, más tranquila y aquietando más el paso, cual si fuera un pedazo, de corazón que estremece, de alma que me enorgullece cuando me miro de reojo, cuando abro aquel cerrojo que aprisiona y no libera, cuando la guita flaquea pero el amigo acompaña, con un mate una mañana o un simple y buen abrazo. Me dirás que es el fracaso, contestaré que no es, que no entiendes que no ves, que dormido estas aún, tras el ego, tras el sur que está ahi a tu lado.
Ya no hay tanto deseo, tanta ansia, tanto anzuelo. Sólo un tapado algo viejo, una planta, una canción, el piar de algún gorrión que se me asoma temprano y que si va de mi mano alcanza inmenso el regazo y como un simbronazo se me mete acá bien hondo.
Ya no hay tanta mente. Tanto vicio tanto cuento, tanto poeta lejano, y algún hippie de la mano que me regala un anillo, la magia no dura nada, se desvanece en estrellas, que ya no brillan, son viejas.
Ya no sé si soy Victoria, o Mariela o una doña. Podría ser cualquier otra, vos o yo, o él o ella, somos uno y no es queja, es alegría y no es vieja.
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