Cuidar la bestia.
Dejarla reposar si está cansada,
dejarla salir pero guiarla.
Cuidar la bestia.
Dejarla comer, lo necesario,
que tenga gustos, los justos.
Ponerle freno cuando desbarranca,
acariciarla un poco más si se equivoca.
Perdonarla.
Abrazarla con amor cuando está sola.
Hacerle masajes, ponerle crema.
Dejarla viajar, con regresos.
Cuidar la bestia.
Hacerla hablar, bailar, jugar, vomitar esas verdades.
Que no se atragante, ni se guarde.
Que pueda hablar, sin gritar.
Ser su madre,
ponerle límites aunque duelan
aunque no pueda hacer que estén.
Flexibilizarlos para que no se rompa
para que no ruja su desesperación
Cuidar la bestia
no callar su sexo
Dejar que husmee, que toque, que vibre
que no se esconda pero que no se desate
no tanto ya, como era antes.
No darle látigo
no golpearla
no atiborrarla de dulces de más
darle, de vez en cuando, bocanadas de agua,
de aire fresco
no aniquilarla
pero frenarla.
Eso quisiera, sólo por hoy,
nada más.
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