domingo, 29 de julio de 2012

Estación: mis lunas

Parece casi mentira, más no lo es...el mismo dia dos de mis lunas se movían. Mi mamá y mi abuela empezaban una nueva vida, y yo? y qué seria de la mia? Y yo. Y la mia, con una incertidumbre propia de tres mujeres, de generaciones de ellas que alguna vez se preguntaron por sus vidas, por sus hijos, sus maridos y los ex, su vejez. Una saliendo de su burbuja plena, de un cuarto con la tv a cuestas, viviendo historias de otros como si fueran suyas, escuchando de reves algún comentario, charlas del mundo, noticias del diario. Escabuyéndose entre las sabanas de la realidad, pretendiendo ser atendida en todo. Pese a eso la amo. Con todo lo que es, con los mil achaques y con su poco esfuerzo, con su aterrada mirada, con su dolor en el cuerpo, con su malhumor que yo también llevo dentro. Y la otra, animándose a ser de una vez, sin satisfacer a nadie, ella misma. Dejando atrás y soltando toda una vida en compañía, su familia bien armada, armoniosa y acostumbrada. Y ahora qué? Madre que has volado por fin, a la dicha de ser vos misma, otorgándome un ejemplo de libertad, aún a costa de sufrir, de no saber cómo hacer. Y una vez más me pregunto cómo sigo yo, dónde me llevará la vida, si alguien escribirá alguna vez sobre mi, si dejaré huellas, si otros recordarán mis palabras...hasta ahora no puedo responder casi nada de eso. Solo observar mis lunas, las mil mujeres que me han precedido, aprender y elegir mi propio camino.

miércoles, 25 de julio de 2012

Estación: ojalá

Ojalá me acostumbre a mis escorpios, al paseo bien hondo y oscuro, profundo como la nibla que me aterraba, allá en aquellos años cuando ni siquiera me animaba a entrar al volcán, la llama ardia a gritos y yo tan pequeña, miraba la lava, como queriendo detenerla, pero me quemaba... No quise bajar, ni siquiera me imaginaba que más allá de mi negación la vida hace lo suyo, te tira entera en el capullo y has de abrirte no sé ni cómo, has de ceñirte bien la cintura, sin aplomo, el viaje es duro y pincha fuerte, hiere en el alma, te deja inerte. Ojalá me acostumbre al dolor, porque el aprendizaje no viene sin él, la separación y la vida nueva, la frustración y el jubilo, el viejo que se va y el niño que viene, la panza, mi mamá y el hogar que cae, desde lo alto del pedestal cuando estoy aprendiendo a ser mujer. Ojalá me acostumbre a este querer, a esta soledad sabrosa, a lo intenso, a lo incierto a lo viajero, al no llevar conmigo el placebo, de pastillas de colores en ningún frasco, solo lo indispensable para esta travesia, que es la vida que me regala instantes. Ojalá me acostumbre.

miércoles, 11 de julio de 2012

Estación: adentro

La vida llama. Ya es hora de volver, sin correr y a paso lento etiquetar la mochila y remontar vuelo, ha sido un tiempo hermoso, de jubilo interno, despierto, motivado, creativo, cuidado. El hogar me ha abrigado, inmenso alivio del ruidoso afuera, de las noticias, de las guerras, tibios atardeceres he observado, pintando entera, mi mundo que amo. La vida llama y el despertar es intenso, se siente adentro algo muy raro, es una mezcla de temor y entusiasmo, que a veces no sale en palabras pero ocurre sin buscarlo, sin hacer fuerza ni a contramano. La vida llama y un niño en el vientre llora en su madre, mi hermana. La vida tiene mucho de balanza, muerte y nacimiento, casi todo en el mismo momento, cae y vuelve, se sumerje y emerge de las profundidades del oceano, para dejar salir la niebla, el desacierto, el amor pleno, el encierro, algunos colores, amuletos, olores nuevos, versos sabrosos y algo abierto. Vos no sabes cómo agradezco, todo este tiempo, esta retirada, esta pureza, esta calma, esta limpieza.