"Una condición de simplicidad absoluta que cuesta nada menos que "todo"..."
Cuesta nada menos que la vida. Que todo aquello que resulta "viejo", que gastado se aleja, que ya no altera los sentidos ni el goce, que hace sucumbir el deseo, que aleja algunas tentaciones, no todas pero son menos.
Cuesta nada menos que el paso, de rápido a lento, el andar sereno, no todo pero más que antes. Cuesta el llanto que hoy brega por salir, cuesta el trueno que no suena tan hondo, o sí.
Cuesta nada menos que el alma, cuesta el buceo, la lucha y el quiebre, el explotar sin sentido, la luz más tenue. Cuesta los hábitos, la intensidad más apagada, no toda pero un poco más que antes.
Cuesta nada menos que el tiempo, que los pinceles, que la música y el libro, incorporar todo eso, hacerlo ameno, que brille en lo cotidiano, que se vuelva un vuelo.
Cuesta nada menos que alejar el ego, la envidia y los celos. Cuesta dejar de sonreir, cuando asi lo quiero. Cuesta sacar caretas cuando lo siento, cuesta contestar cuando es tiempo, cuesta el canto por el derecho, la paciencia y el acecho, cuesta cuidarme otra vez, y de nuevo.
Cuesta elegir, aún a costa de soledades, cuesta el abrazo entero y cuesta abrir cuando me encierro. Cuesta un límite correcto, cuesta el orden, cuesta entero. Cuesta decir verdades aún a costa de algún enojo, cuesta la coherencia, el trabajar y el dar aliento a otros.
Cuesta la profundidad de ir bien adentro, cuesta la sombra acechando por rincones, cuesta un Plutón, explotando en mil atracones, cuesta hoy un Neptuno, femenino, sensible, taciturno.
Cuesta andar, cuesta crecer, madurar.
Cuesta hablar, escribir y pintar.
Cuesta salir, observar, escuchar.
Cuesta querer, madrugar, meditar.
Cuesta dejar, soltar, entregar.
Cuesta gritar.
Cuesta limpiar.
Todo eso cuesta, lo simple, y mucho más.
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